miércoles, 20 de noviembre de 2013

Arctic Monkeys, el gitaneo llega a España.


El 15 de Noviembre, hace menos de una semana, los Arctic Monkeys (grupo favorito de una servidora), tocaron en tierra madrileña. Yo, que soy muy yo, me lié manta a la cabeza, contraté un Blablacar (de esos tan fiables) junto con una amiga y me fui Madrid como una loca histérica el día anterior, pagándolo todo con el dinerico que me llevaba años sacando de los aguinaldos de la navidad y los ahorros de mi cumpleaños. Fue un viaje de cinco horas que podría haber sido peor si el conductor no se hubiera enrollado poniendo a los Monos Árcticos de mi corazón. El mismo CD. 5 veces seguidas. Que Favourite Worst Nightmare es un discazo, pero oye, 505 en bucle a veces llega a deprimir, doy fe.
 
Era la segunda vez que veía a los Arctic Monkeys en concierto, porque hace unos meses removí cielo y tierra para conseguir ir al FIB a ver su actuación veraniega, y aunque hace relativamente poco que los vi, no se me ocurrió perderme la actuación. Nope. Impensable. Una no se cansa de verlos, para qué mentir. Y si mañana hubiera otro, ahí que me iba. ¿Quién se cansaría de ver a Alex Turner moviendo las caderas como un viejo de cincuenta años, con su tupé engominado y su cuerpoescombro habitual? Nadie, lo sé.
 
Después del viajecito, llegué a las 11 y media a casa de Mi Anfitriona, cenamos, nos probamos las camisetas para el concierto (porque somos tan especiales que nos tuvimos que hacer unas sólo para nosotras), nos pusimos al día. Se nos hicieron las tres de la mañana, y a las cuatro estábamos de pie para hacer cola en El Palacio de los Deportes. Somos unas valientes. Bueno, eso contádmelo a mí, que en cuanto divisé unas tiendas de campaña delante de las puertas principales lo primero que hice fue gritar "ACAMPAR ES TRAMPA". Viva yo.
 
Y todo para hacer catorce horas de cola y conseguir estar en las primeras filas.
 
Y vaya catorce horas. Nos dieron para conocer gente estupenda, tan estupenda que nos pasamos todo el fin de semana quedando juntos, tooooooodos levantinos. Con excepciones.
Nos dieron para que nos cayera granizo desde el cielo madrileño TOTALMENTE DESPEJADO (todo muy árctico, ja, ja, ja), para resfriarnos, coger una neumonía y probablemente matar unas miles de neuronas.
Nos dieron para hablar de Friends, de Harry Potter, para cantar High School Musical a grito pelado y para confundir a la muchedumbre diciendo que esa cola era para el concierto de Bruno Mars.

Pero cuando abrieron las puertas ahí estábamos todos en la tercera fila, después de nuestras horas en el frío y aguantando empujones y colones.
 
Pero mereció la pena. Vaya si mereció la pena. A la media hora de llegar al escenario, los teloneros (unos jovencísimos ingleses llamados The Strypes) nos hicieron entrar en calor. Y vaya. El estilo rockero de los cincuenta de los británicos creó un ambiente animado de los que ya estábamos CONGELADOS (sí, congelados, que yo llevaba una camiseta de mangas corta y una chaqueta de plástico que más bien abrigaba poco) y calentó motores para los gitanos de Sheffield. Lo raro es que no robaran todo el cobre de los cables y salieran huyendo.
 
Todos sabemos que el estilo de Alex ha ido evolucionando hasta convertirse en la gitana del WhatsApp (link). En plan bien. Del tímido melenudo que protagonizaba Cornerstone sin saber hacia dónde mirar al sospechosamente confiado fucker de Why'd You Only Call Me When You Are High.
El estilo gitano de Turner estuvo presente todo, y repito, TODO el concierto. Esos movimientos de pelvis a lo rumba rumbita, los comentarios al público, sus repeticiones de "this one is for the ladies". Señor Turner, NO JUEGUE CON NUESTRA CABEZA. "You know, baby, I'm yours, but the question is... R U Mine?" Pa' qué preguntar. Por supuesto.
 
Fue un concierto más balada que terremoto, con actuaciones estelares como I Wanna Be Yours, donde todo el Palacio de Deportes se transformó en un baile de instituto, o la versión acústica de Cornerstone, que nos hizo llorar a más de una. Cof cof. Qué se le va a hacer. Con temazos como Brianstorm o Old Yellow Bricks, más de uno echamos de menos más Humbug. Pero al fin y al cabo, es la presentación de su nuevo disco y no se puede tener todo, ¿no?
 
Un fin de semana totalmente árctico, de frío, buena música, compañía genial, rastros, libros baratos y muchos, MUCHOS metros. Fin de semana de 10. De 10000000000000000000.
 
Siempre se echará de menos 505 y nuestra canción sectaria.

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